El buscador debe estar muy atento acerca de su punto de vista, de lo que busca visualizar, de las cosas que anhela mirar, pues es la vista la que decide acerca del apego, el dolor, la pasión, etcétera. Ustedes son el ser más noble de la creación y así, deben desarrollar una visión que no vea ni alto ni bajo, que vea todo impregnado de divinidad y, por lo tanto, sin diferencias entre lo uno y lo otro. Shankara declaró: “Hagan que su visión esté cargada de conocimiento; entonces lo visto aparecerá en su verdadera luz como Brahman”.
Tal visión es llamada divina, supernatural, suprasensorial y auspiciosa. Cada cuerpo que ven delante de ustedes es un espejo en el cual, si sólo abrieran sus ojos, podrían ver la imagen de Dios. El Dios en ustedes está en cada uno de ellos también. No imaginen distintos a los demás, ellos son simplemente ustedes en muchos espejos diferentes. El mundo está lleno de sus parientes; todos son chispas de la misma llama. El Gita dice: “Los pandits ven a Brahman en el erudito, el sabio, el venerado y el venerador, la vaca, el elefante, el perro y el que come carne de perro”. Tales pandits son muy raros en la Tierra; los hombres pretenden ser pandits con base en la erudición que ostentan, no en la visión que hayan ganado. (…)
En este día de Gurú Purnima, el consejo que puedo darles es éste: no odien a nadie, sigan la prescripción del Gita para la salud espiritual que dice: “No sientan enemistad hacia nadie”. La razón de este mandamiento es que Dios es el Espíritu interno de cada cosa que existe. Así, el daño hecho a cualquier ser es un sacrilegio, es como hacerse daño a uno mismo. El amor se transforma en veneno si el odio lo contamina. Amen a algunos pero no odien al resto, pues ese odio manchará el amor y lo hará mortal. El amor viene automáticamente al alma realizada, pero el aspirante tiene que cultivarlo por medio del servicio y de la indagación sobre la unidad del Alma. El amor debe fluir no sólo desde la lengua o de la cabeza sino, principalmente, del corazón. (…)
Aquel que busca un gurú puede encontrarlo en cada palabra hablada a su alcance, en cada incidente que sucede a su alrededor.
Querido hermano (a): Dakshinamurti, el Dios que preside cada esfuerzo humano encaminado a adquirir la sabiduría, caminaba por una ancha costa, solo, inmerso en profunda meditación. Miró hacia las olas y observó la incesante sucesión de las rompientes. Vio una ramita seca en la cresta de una ola en la distancia; estaba siendo llevada de una ola a otra; del seno a la cresta de la ola y de la cresta al seno, hasta que fue echada a la playa, cerca de donde él se encontraba. Dakshinamurti se asombró del egoísmo del océano que no quería dar refugio ni siquiera a una pequeña ramita. Sintiendo su reacción, el océano declaró, en palabras que pudiera comprender: “Lo mío no es ni egoísmo ni ira; es sólo el deber de mi propia preservación; no debo permitir que la menor mancha desfigure mi grandeza. Si yo permito que esta ramita macule mi esplendor, será el primer paso hacia mi caída”. Entonces, Dakshinamurti sonrió para sus adentros, admirando el cuidado del poderoso océano.
Consideró el incidente como una gran lección de esfuerzo espiritual. La mínima ramita de deseo, si cae en la mente, debe ser sacada de inmediato de las aguas puras y arrojada lejos. Ésa era la lección que se debía aprender. El Ramayana enseña que Sita tuvo que sufrir la separación de Rama como resultado de un pequeñísimo deseo: ¡el de poseer el venado dorado! Si sólo lo hubiera desechado de su mente, como hizo el océano… Sean libres de la esclavitud del deseo, éste es el lema del Ramayana, el Mahabharata, el Bhagavata, la Biblia, el Corán y todas las escrituras de la humanidad. La fe en que Dios está en el corazón, la fe en Su constante presencia y guía, conferirán valor, virtud e iluminación.
Ramadas había acumulado una gran cantidad de hojas de palma en cada una de las cuales había escrito, con su peculiar estilo, una canción acerca de Rama. Un día sus ojos cayeron sobre aquel montón de hojas de palma y un pensamiento lo asaltó: “¿He compuesto estas canciones para mi propio placer o para complacer a Rama?” Deseaba saber cuáles de aquellos cantos habían complacido a Rama para desechar los que no cumplieran ese requisito. Decidió arrojar todas las hojas al río Godavari y dejar que Rama salvara las que quisiera aceptar.
Casi todas se hundieron en las profundidades; sólo 108 flotaron y fueron rescatadas. Solamente ésas habían surgido del corazón; el resto denotaba ingenio, artificialidad, erudición, pedantería. Las oraciones deben brotar del corazón, donde reside Dios, y no de la
Querido hermano (a): cabeza, donde las doctrinas y las dudas crean discordia.
Los Shastras dicen: tengan fe en el médico para que puedan curarse de la enfermedad; tengan fe en el mantra con el cual el preceptor los ha iniciado, pues sólo entonces podrá su disciplina espiritual ser fructífera; tengan fe en la santidad del templo, pues sólo entonces será provechosa su peregrinación; tengan fe en las predicciones del astrólogo, pues sin ella, ¿para qué han de molestarse con él y su abracadabra? Tengan fe en el gurú, pues sólo entonces sus pasos serán firmes y constantes en el camino de la autorrealización. La fe en el gurú debe traer la fe en el Atma; de otra manera, el gurú es un impedimento.
Sri Sathya Sai Baba
Discurso del 29 de julio de 1969
https://www.saibabadice.org/9/14.htm
